La justicia catalana dio un giro inesperado en uno de los casos más oscuros y prolongados de la historia reciente de España: el 28 de noviembre de 2025, Santiago Laiglesia Pla fue enviado a prisión provisional comunicada y sin fianza por el asesinato de Helena Jubany, una periodista de 27 años cuyo cuerpo fue hallado en Sabadell el 2 de diciembre de 2001. La decisión, tomada por la jueza titular del Juzgado de Primera Instancia número dos de Sabadell, se basó en un hallazgo forense que cambió por completo el curso del caso: restos de ADN de Laiglesia en la ropa que Jubany llevaba puesta al morir. Veinticuatro años después, la ciencia finalmente rompió el silencio.
El crimen que nunca se olvidó
La mañana del 2 de diciembre de 2001, el cuerpo de Helena Jubany, bibliotecaria en Sentmenat y colaboradora ocasional de medios locales, fue encontrado desnudo en un patio interior de un edificio de Sabadell. Su ropa, en cambio, estaba en la azotea. La autopsia reveló algo escalofriante: tenía en sangre 35 veces la dosis normal de un sedante de benzodiacepinas. No se había suicidado. Estaba inconsciente cuando la arrojaron desde el tejado. Además, su piel mostraba quemaduras. Desde el primer momento, Laiglesia —dueño del piso desde donde se lanzó el cuerpo— fue el principal sospechoso. Pero en 2005, la causa se archivó. Sin pruebas concluyentes, el caso se hundió en el olvido… hasta ahora.
El ADN que reabrió el caso
Tres meses antes de la detención, en agosto de 2025, la policía científica volvió a analizar las prendas de Jubany con técnicas modernas de secuenciación genética. Lo que encontraron fue inobjetable: ADN de Santiago Laiglesia Pla en una prenda que la víctima llevaba puesta. Un hallazgo imposible en 2001, cuando las técnicas forenses no permitían detectar cantidades tan mínimas o degradadas. "Es el cambio cualitativo que faltaba", dijo Benet Salellas, abogado de la familia Jubany. "Antes, todo eran sospechas. Ahora, hay prueba material. Y eso cambia todo".
La jueza no solo se basó en el ADN. En su auto, citado por Libertad Digital, mencionó una red de indicios que se entrelazan como piezas de un rompecabezas: las contradicciones en la coartada de Laiglesia, que decía dormir en casa de su pareja pero que, según testigos, salía a medianoche; las cerillas halladas en el domicilio de su pareja, idénticas a las encontradas en la terraza del edificio; y los medicamentos sedantes que coinciden con los que se usaron para adulterar el zumo que Jubany recibió en mensajes anónimos semanas antes de su muerte.
La sombra de los mensajes y la coartada que se desmoronó
Antes de morir, Helena Jubany recibió una serie de cartas anónimas, algunas con zumo envenenado, otras con amenazas. Algunas fueron escritas por Xavier Jiménez, imputado tras una pericial caligráfica que lo vinculó a los textos. Pero otras, según la investigación, tenían un estilo distinto, más cercano a alguien que conocía bien a Jubany. La jueza sospecha que Laiglesia pudo haber participado en su redacción. Su pareja, cuyo nombre no ha sido hecho público, también está bajo sospecha. Podría haber ayudado a subir el cuerpo a la azotea. Y, según fuentes judiciales, su testimonio ha cambiado varias veces.
En la vista del 28 de noviembre, Laiglesia se acogió al derecho a no declarar. Nada. Ni una palabra. "La falta de explicación lo que hace es incriminar", dijo Salellas tras la audiencia. La reacción de la familia fue inmediata: se abrazaron entre lágrimas. "Por fin no están solos", dijo una de las hermanas de Jubany a Libertad Digital. "Han pasado 24 años, pero ella no ha dejado de gritar".
¿Y ahora qué? La carrera contra la prescripción
El caso tenía una fecha límite: el 2 de diciembre de 2025, cumpliría 24 años. En España, los delitos de asesinato no prescriben, pero los procedimientos judiciales sí si no se avanza. Por eso, la jueza ha decidido acelerar el proceso. En su auto, señala que "no se esperan nuevas diligencias" y que el caso debe llegar "pronto a juicio, ante un tribunal popular". Es decir: sin más investigaciones, directo a la sala. El juicio podría abrirse en los próximos meses.
La familia Jubany ahora evalúa si pedir una nueva pericia sobre los restos de sedativos o si intentar localizar a otra persona que podría haber visto a Laiglesia salir del edificio esa noche. Pero el objetivo es claro: que nadie vuelva a decir que "no se puede probar". Que la justicia no se rinda por el tiempo.
Un caso que sacudió a Cataluña y sigue marcando a generaciones
El asesinato de Helena Jubany no fue solo un crimen. Fue un trauma colectivo. Una joven inteligente, trabajadora, sin enemigos visibles, eliminada con una crueldad que parecía personal. El caso generó protestas, debates sobre la violencia contra mujeres y una ola de desconfianza en la policía. Montserrat C., otra sospechosa, se suicidó en prisión en 2003, dejando una carta confusa que no aclaró nada. Ana E., otra figura cercana, desapareció del radar. Nadie ha sido condenado… hasta ahora.
Este nuevo capítulo no es solo un triunfo de la ciencia. Es una lección: el tiempo no borra las pruebas, solo las oculta. Y cuando la tecnología avanza, la verdad vuelve. Como un eco que no se apaga.
Frequently Asked Questions
¿Por qué se archivó el caso en 2005 y ahora se reabre?
En 2005, la causa se archivó porque las técnicas forenses de la época no pudieron identificar ADN en las prendas de Helena Jubany, ni vincular claramente a ningún sospechoso con el crimen. Ahora, gracias a avances en secuenciación genética de muestras degradadas, se detectó ADN de Santiago Laiglesia en su ropa, algo imposible en 2001. Este hallazgo, sumado a nuevas contradicciones en coartadas y evidencias físicas, justificó la reactivación del caso.
¿Qué papel jugó la pareja de Santiago Laiglesia en el caso?
La pareja de Laiglesia no ha sido imputada, pero su testimonio ha variado en varias ocasiones, y la policía encontró en su domicilio cerillas idénticas a las usadas en la escena del crimen, así como medicamentos que coinciden con los sedantes que se usaron para envenenar el zumo que recibió Jubany. La jueza sospecha que podría haber ayudado a mover el cuerpo o a ocultar pruebas, aunque aún no hay pruebas directas de su participación activa en el asesinato.
¿Por qué se negó Laiglesia a declarar?
El acusado ejerció su derecho constitucional a no declarar, una estrategia común en casos con fuertes pruebas circunstanciales. Su silencio no es prueba de culpabilidad, pero la jueza lo consideró como un factor negativo, especialmente porque no ofreció ninguna explicación para los hallazgos de ADN ni para las contradicciones en su coartada. En el sistema judicial español, el silencio puede ser interpretado como una actitud de ocultamiento, especialmente cuando hay indicios materiales.
¿Cuándo se abrirá el juicio y quién lo juzgará?
La jueza ha determinado que el caso debe ir directamente a juicio ante un tribunal popular —es decir, con jurado popular— sin más diligencias. Se espera que el juicio se abra en los próximos tres a seis meses. No habrá apelación previa, lo que acelera el proceso. El juicio se celebrará en Barcelona, y el tribunal estará compuesto por tres jueces profesionales y seis ciudadanos elegidos al azar.
¿Qué significa que el caso no prescriba?
En España, los delitos de asesinato tienen prescripción perpetua, lo que significa que nunca caduca. Pero el procedimiento judicial sí puede prescribir si no avanza. Por eso, el caso se archivó en 2005. Ahora, con la reactivación y la prisión preventiva, el reloj judicial se reinicia. La fecha clave es el 2 de diciembre de 2025, el 24º aniversario del crimen: si el juicio no se abre antes, podría haber prescripción del proceso, no del delito. Por eso, la jueza aceleró todo.
¿Qué impacto tiene este caso en otros crímenes antiguos en España?
Este caso sirve como modelo para decenas de crímenes sin resolver en España, especialmente los de violencia de género y asesinatos sin testigos. Gracias a los avances en ADN, más de 40 casos antiguos han sido reexaminados en los últimos años. La Policía Científica ya ha reabierto otros tres asesinatos en Cataluña y Andalucía con técnicas similares. Este es un punto de inflexión: la justicia ya no puede decir "no hay pruebas" si las pruebas están ahí, solo que antes no se podían ver.